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jueves, 13 de agosto de 2026

MINISTRO DE DEENSA: Abrazos de rigor o el preludio de una despedida. Sutilezas, murmullos y el enigma de los decretos en la víspera del 16 de agostO

Por Darío Mañón.

​El protocolo había concluido formalmente y el vehículo del presidente de la República se perdía en la distancia. En la explanada recién inaugurada del Centro de Entrenamiento Táctico Virtual, la costumbre dictaba que las autoridades militares se dispersaran rápidamente hacia sus respectivos despachos.

​Sin embargo, esta vez el aire respiraba un ritmo diferente. Había una pausa gravitando en el ambiente, una cadencia casi mística que no encajaba con el frío formalismo habitual. El ministro de Defensa, teniente general Carlos Antonio Fernández Onofre, no se marchó con la prisa reglamentaria. Se quedó allí, demorando el retiro de forma deliberada y pausada.

​Quienes observan la dinámica militar saben que el ministro suele conversar brevemente con sus generales antes de partir, pero lo de este día traspasó la cortesía del rango. Fueron abrazos efusivos con un acento fraternal inusual, apretones de manos apretados que parecían sellar pactos silenciosos y conversatorios donde las cabezas se inclinaban unas hacia otras.

​En el murmullo casi inaudible al oído de sus subordinados flotaba un susurro íntimo, envuelto en sonrisas cómplices y miradas que decían más que cualquier orden de plaza. Incluso hacia la prensa el ministro mostró un matiz singular. Se acercó a los periodistas con una calidez tan solícita y cercana que desarmó la habitual distancia del uniforme.

​Habló con unos, sonrió con otros, paseándose por el recinto con la compostura serena de quien está recorriendo, quizás por última vez con esa investidura, los pasillos de su propia obra. No hay rumor que confirme nada, ni palabra dicha que lo certifique. Pero en el lenguaje no verbal del poder, la percepción colectiva leyó una sola palabra suspendida en el aire: despedida.

​Sin embargo, en la política dominicana la realidad es un juego de espejos y nada está escrito sobre piedra. Recordaba la vieja escuela balaguerista que un funcionario podía salir del despacho presidencial con la promesa firme del nombramiento en el bolsillo y antes de que el boletín oficial llegara a la emisora, el nombre en el decreto ya había sido borrado con tinta fresca.

​Y es que el estamento militar no responde únicamente a la lógica del escalafón, responde al peso implacable de la política. Hasta que el decreto no sale firmado de la penumbra del despacho presidencial y se sostiene con la mano en el papel, ningún destino está sellado.

​En los bastidores del poder existen cartas de enorme peso, de líderes e influencias decisivas dentro del entramado político y militar, que pueden ponerse sobre la mesa en el último minuto. Una sola llamada, un compromiso de última hora o una jugada de ajedrez político pueden desmontar cualquier escenario previamente trazado y redistribuir los mandos en cuestión de segundos.

​Entre bromas veladas, saludos de comandante cargados de anticipación y sonrisas donde se cruzaban la esperanza y la incertidumbre, el alto mando militar quedó a la espera. Saben que a partir del 16 de agosto el reloj vuelve a cero.

​Y mientras los rumores corren y las cartas se barajan en las sombras del poder, en la explanada solo quedó flotando un interrogante que solo el tiempo y la pluma del Ejecutivo podrán responder. ¿Fueron aquellos abrazos el simple afecto del mando o el pausado y consciente adiós de quien sabe que el ciclo ha llegado a su fin? Ese es el trabajito de la historia.

º3 DE AGOSTO 2026



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