† † P. Federico Rodríguez García, SDB
(1942 – 2026)
(1942 – 2026)
La Inspectoría Salesiana de las Antillas, junto con el P. Inspector José Pastor Ramírez, la Familia Salesiana y sus familiares, profundamente conmovidos, pero sostenidos por la esperanza en Cristo Resucitado, comunican que el P. Federico Rodríguez García, SDB, ha partido a la Casa del Padre el día 20 de marzo de 2026, a las 7:03 p. m., en la Sede Inspectorial de los Salesianos, ubicada en la calle 30 de Marzo No. 52, Gazcue, Distrito
Nacional.
El cuerpo del P. Federico será expuesto a partir de las 10:00 de la mañana del 21 de marzo en la Parroquia María Auxiliadora de Santo Domingo. Posteriormente, los actos fúnebres se celebrarán en el mismo templo a las 3:00 p. m.
Concluida la Eucaristía, será trasladado a la Casa María de la Altagracia para continuar el velatorio. Más adelante, conforme a su voluntad expresada en su testamento, recibirá cristiana sepultura en el cementerio José de Nazaret, ubicado en la misma Casa María de la Altagracia, precedida por la celebración eucarística a las 2:00 p. m, del domingo 22 de marzo.
En cada uno de estos momentos, daremos gracias a Dios por su vida entregada y por su fecundo ministerio sacerdotal y salesiano. Como nos recuerdan las Constituciones Salesianas: «La esperanza de entrar en el gozo de su Señor ilumina la muerte del salesiano» (art. 54). Y confiamos en la promesa del Señor: «¡Bien, siervo bueno y fiel! … Entra en el gozo de tu Señor» (Mt 25,21).
Breves datos biográficos del P. Federico Rodríguez García, SDB
El P. Federico Rodríguez nació en Madrid, en el seno de una familia numerosa y profundamente unida. Sus padres, Restituyo Rodríguez y Florencia García, le transmitieron sólidos valores humanos y cristianos. Fue el primero de ocho hermanos, y
vivió una infancia armoniosa y feliz, marcada por la cercanía familiar. Sin embargo, la muerte de su padre, cuando contaba apenas 13 años, marcó
profundamente su vida. En medio de las dificultades económicas que siguieron, conoció a
los salesianos en el oratorio de Atocha, donde descubrió un ambiente de alegría, fraternidad y entrega que despertó en él la vocación religiosa.
Desde entonces, su camino hacia la vida salesiana se fue definiendo con claridad.
Participó activamente en grupos vocacionales y vivió su noviciado con espíritu de paz y
entrega, acompañado por figuras inspiradoras como P. Santiago Ibáñez y el maestro de novicios P. Juan Arce. Asimismo, la devoción a María Auxiliadora, inculcada desde sus
primeros años, se convirtió en un pilar fundamental de su vida espiritual.
Realizó el noviciado entre 1954 y 1956 en Mohernando, Guadalajara (España), etapa en
la que sintió con fuerza el llamado misionero. Posteriormente, llevó a cabo el posnoviciado en Guadalajara entre 1960 y 1963. Su tirocinio o magisterio práctico lo desarrolló en la Escuela Salesiana de Artes y Oficios María Auxiliadora, hoy ITESA.
Emitió su profesión perpetua el 9 de julio de 1966 en Santo Domingo.
Realizó sus estudios teológicos entre 1966 y 1970 en Martí-Codolar (Barcelona, España).
Fue ordenado diácono el 5 de junio de 1969 en Barcelona, y sacerdote el 22 de febrero de
1970 en la capilla del Seminario Teológico de Salamanca.
A lo largo de su ministerio en la República Dominicana desempeñó múltiples
responsabilidades: encargado del taller de Electrónica y Electricidad, director de estudios,
administrador y párroco. Además, trabajó intensamente en la formación, siendo
responsable de los prenovicios.
Ejerció también como director en comunidades de Puerto Rico y República Dominicana,
fue responsable de DECOSAL y se desempeñó como secretario Inspectorial, siempre con
espíritu de servicio y entrega.
El P. Federico se distinguió por ser una persona cercana, afable, trabajadora, disponible y
obediente. Vivió con autenticidad su identidad carismática salesiana, mostrando un
profundo amor por los jóvenes y un gran celo en la promoción vocacional.
Destacaba, además, por su capacidad de escucha, especialmente hacia quienes atravesaban
momentos de dificultad, siendo un prudente y acertado consejero.
Como sacerdote, fue profundamente devoto y celoso de la Eucaristía. Promovió con
particular dedicación el Sacramento de la Reconciliación, creando en jóvenes y adultos
una verdadera cultura de encuentro con la misericordia de Dios. Asimismo, valoró y
acompañó el sacramento del Matrimonio, fomentando la santidad en la vida familiar,
especialmente entre los esposos.
Cultivó un sincero amor por la cultura dominicana, que promovió, defendió y asumió como propia. Por ello, decidió libremente que sus restos descansaran en Quisqueya.
Se entregó con celo apostólico a la promoción y acompañamiento de la experiencia del
Camino Neocatecumenal, integrando armoniosamente este carisma con su identidad
salesiana y ofreciendo a esta realidad eclesial su ministerio sacerdotal de manera generosa.
El P. Federico será recordado como un verdadero apóstol del Sacramento de la
Reconciliación, dedicando largas horas a la confesión y al acompañamiento espiritual,
especialmente de los jóvenes, a quienes guiaba con paciencia y dedicación a través de la
catequesis y la experiencia del perdón.
22 de marzo 2026

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