SANTO DOMINGO ESTE. – Luis Inchausti Rivera, quien fuera uno de los hombres más poderosos y temidos de la estructura política dominicana entre el final de la era de Joaquín Balaguer y el ascenso del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), atraviesa hoy sus horas más bajas. El exdirigente, conocido por su férreo control de las bases barriales, se encuentra nuevamente en el centro de un torbellino judicial que mezcla deudas millonarias y conflictos familiares.
Un arresto marcado por la salud y las deudas
A sus 83 años, Inchausti fue arrestado este mes de abril de 2026 tras ser condenado en defecto al pago de una suma que ronda los 2 millones de pesos por concepto de atrasos en manutención alimentaria. El arresto se produjo en condiciones dramáticas, siendo trasladado directamente desde un centro hospitalario donde se encontraba ingresado por problemas de salud y movilidad, lo que ha generado un intenso debate sobre el trato a los adultos mayores en el sistema de justicia.
El peso de un historial conflictivo
Este nuevo revés judicial no es un hecho aislado. En marzo de 2022, Inchausti ya había sido condenado a cinco años de prisión por violencia de género e intrafamiliar contra su expareja, Rosina Smith Guerrero. Aquel proceso reveló un patrón de agresiones físicas y verbales que empañaron definitivamente su imagen pública.
Además de Smith, se le vincula sentimentalmente con figuras como Yumari de la Cruz, con quien también ha mantenido disputas legales. Históricamente, se recuerda su convivencia con una exlegisladora, cuya relación marcó una época donde Inchausti era el enlace directo entre el Palacio Nacional y los "puntos calientes" de la capital.
Del PEME a la insolvencia
Para las nuevas generaciones, el nombre de Luis Inchausti evoca el polémico Programa de Empleo Mínimo Eventual (PEME). Bajo el primer gobierno de Leonel Fernández, Inchausti manejó presupuestos millonarios destinados a "pacificar" los barrios mediante repartos directos de dinero, una práctica que sus críticos tildaron de clientelismo puro heredado de la escuela de Balaguer.
Hoy, la realidad es diametralmente opuesta. Sus allegados aseguran que el otrora influyente funcionario vive en condiciones de precariedad económica, incapaz de cumplir con las exigencias financieras impuestas por los tribunales de familia. Su situación actual es el cierre de un capítulo de luces y muchas sombras en la historia política contemporánea de la República Dominicana.
Es imperativo recordar que, en sus tiempos de mayor esplendor, Luis Inchausti no solo habitaba la opulencia, sino que fungía como un soporte vital para innumerables dirigentes y familias de escasos recursos que acudían a su oficina en busca de soluciones. Aquella imagen del "Santa Claus" que entregaba juguetes a cientos de madres para sus hijos y nietos contrasta hoy con el silencio de muchos políticos a quienes también les resolvió problemas en momentos críticos. Resulta paradójico que, ante procesos de naturaleza civil y no de índole criminal, quien dedicó tanto a construir puentes para los demás se encuentre hoy en una soledad que parece ignorar su historial de servicio y solidaridad social
25 DE ABRIL 2026














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