La bala que esperó su turno en Santiago
Hay muertes que no sorprenden a nadie en el barrio, solo confirman una fecha que ya estaba anotada. Cuando dos hombres en una motocicleta cortaron el aire de Baracoa para descargar una ráfaga a quemarropa sobre Amaury Saviñón, no hubo intento de robo ni palabras de más. El mensaje tenía nombre y apellido.
El tirador no se conformó con el primer impacto que derribó a la víctima. Con la frialdad implacable de los crímenes por encargo, remató el cuerpo en el suelo con al menos cuatro o cinco detonaciones directas antes de huir en la moto. En las calles de Santiago, cuando el sicariato decide cobrar una deuda, la piedad no existe.
La cámara de seguridad inmortalizó la silueta de Christopher Almonte Díaz, «El Niño», ejecutando el ataque a plena luz del día ante la mirada atónita de varios acompañantes que resultaron ilesos. El video corrió por las redes como pólvora, convirtiéndolo en un objetivo público. En el ecosistema del crimen urbano, grabar un hecho así es firmar una sentencia con los días contados.
El desenlace siguió el libreto habitual: la Policía Nacional anunció que el sospechoso cayó abatido en un «intercambio de disparos» durante un operativo de localización. Con esta caída, las muertes a manos de patrullas policiales superan los 150 casos acumulados en lo que va de año, reviviendo una cifra que año tras año roza los doscientos caídos bajo la misma versión oficial.
Este nuevo episodio reabrió de inmediato las críticas de los defensores de derechos humanos y sectores de la sociedad civil. Las voces cuestionan el destino de los más de RD$8,389 millones invertidos en el proceso de reforma policial entre 2024 y 2025, señalando que, tras semejante inyección económica, la respuesta institucional sigue術 desembocando en la justicia sumaria del plomo en lugar del debido proceso penal.
La tensión se trasladó violentamente al Instituto Nacional de Ciencias Forenses (INACIF). Pese a la existencia del video donde se observaba la ejecución sin piedad, los familiares de «El Niño» reaccionaron con furia, rompiendo puertas de las instalaciones y enfrentando a la custodia policial para exigir la entrega inmediata del cadáver de su pariente.
Se generó así un vivo y dividido debate público en la opinión ciudadana. Mientras un sector exige erradicar el sicariato con mano dura ante la ferocidad de estos ataques, otros advierten sobre el peligro de validar los abatimientos al margen de la ley. La tragedia de Baracoa deja al descubierto un ciclo donde la venganza callejera y la fuerza letal se disputan el control de la ciudad.
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20 SEPTIEMBRE 2026






















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