Por: Darío Mañón
SANTO DOMINGO.– En las últimas horas, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, volvió a frenar un ataque militar a gran escala contra suelo iraní alegando que un «acuerdo inminente» está en marcha para reabrir el estratégico Estrecho de Ormuz y frenar el programa nuclear de Teherán. Sin embargo, la respuesta desde Oriente Medio fue un balde de agua fría: la Cancillería iraní negó rotundamente la existencia de diálogos directos con Washington y calificó los anuncios norteamericanos de maniobras de distracción.
Para muchos analistas internacionales, la escena resulta paradójica: ¿por qué la mayor potencia militar del planeta parece «rogar» por un apretón de manos con un régimen cercado? La respuesta no está en la falta de fuerza, sino en el alto costo geopolítico y económico de presionar el disparador.
Estados Unidos posee una capacidad de fuego devastadora, pero Irán controla la llave del Estrecho de Ormuz, el cuello de botella por donde circula una quinta parte del petróleo mundial. Un ataque total que destruya las infraestructuras iraníes provocaría un cierre prolongado del paso marítimo, disparando el precio del barril de crudo y desatando una ola inflacionaria global que impactaría de lleno en la economía estadounidense.
2. La presión de los aliados del Golfo
Detrás de la retórica washingtoniana está la llamada desesperada de los socios árabes como Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos. Los líderes del Golfo han pedido frenar la escala bélica: saben que si Washington bombardea masivamente a Irán, los drones y misiles de Teherán responderán destruyendo sus refinerías y desinstalando la estabilidad financiera regional.
3. La trampa del desgaste y las encuestas
A pesar del discurso de dureza militar, la Casa Blanca enfrenta el desgaste de un conflicto que ya supera los 100 mil millones de dólares y que no cuenta con el respaldo mayoritario de la opinión pública estadounidense. Abrir una guerra de desarticulación total en Oriente Medio sin una ruta clara de salida es un fantasma del que ningún mandatario estadounidense quiere ser dueño en año electoral.
¿Estrategia de fuerza o desesperación táctica?
Por ello, los anuncios de «pausas diplomáticas» y los llamados constantes a firmar un pacto antes de que «sea demasiado tarde» no responden a la debilidad del Pentágono, sino al cálculo de riesgos. Donald Trump busca anotarse una victoria política —el «arte del acuerdo»— sin tener que pagar la factura incalculable de un conflicto regional abierto.
Mientras Washington insiste en que el acuerdo «está en la mesa», las tropas se mantienen en los portaaviones y el régimen de Teherán mide cada movimiento en una partida de ajedrez donde el más mínimo error de cálculo puede encender toda la región.
3 de agosto 2026


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