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marzo 08, 2016
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Angélica Rosa Durán, capitán piloto del Ejército Nacional, es uno de esos rostros. Menuda, con 36 años y 125 libras, ha hecho de la valentía su estilo de vida. Angélica ha demostrado tener agallas ante las vicisitudes de los tiempos y, sacrificando su familia, “rompiendo brazos” y literalmente, “alzando el vuelo”, se convirtió en el 2003, luego de estudiar en Estados Unidos, en la segunda mujer piloto de esa fuerza y actualmente es la única femenina en el Escuadrón de Caballería Aérea que es capitán de nave de los helicópteros OH58, Robinson 44 y Robinson 22, los tres modelos de aeronaves que opera el Ejército de la República Dominicana (ERD), en un ambiente copado de más de 100 hombres con las mismas habilidades.
Angélica, con 10 años de carrera militar, es una de las 17,489 mujeres, que con vocación de servicio, valentía, disciplina, entrega, entereza y sacrificio, forman parte activa del Ministerio de Defensa y de la Policía Nacional, donde sigue habiendo una gran mayoría de hombres, especialmente en los puestos más altos.
“Siempre, las personas que no entienden mucho de aviación me dicen: ‘y como es que tú, tan flaquita, manejas eso’ y les digo que no es cuestión de fuerza, sino de habilidad”, afirma la esbelta rubia de 5.5 pulgadas que entró al Ejército en el 99 inspirada por una de sus hermanas, que es coronel médico.
“Cuando iba con ella al Hospital Central (de las Fuerzas Armadas) me encantaba que le dijeran comandante y yo quería que me dijeran así a mí también”, asegura la oficial subalterno, que además de tener una amplia trayectoria militar, es egresada de la carrera de Publicidad en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), donde se graduó en 2008.
Aunque admite que por ser mujer en ocasiones ha sido discriminada en las filas, donde le han puesto sobrenombres que van desde peluche, muñequito, Barbie, rubito, mini hasta la mascota, afirma que ser perseverante y el amor por lo que hace, la han mantenido firme.
“Cuando yo llegué, ya recién graduada a hacer misiones a Santo Domingo, me tocó ir de copiloto con un funcionario a llevarlo a Santiago y cuando ese funcionario vio que yo era la copiloto, le dijo al capitán de la nave que yo no podía ir, y a mí me bajaron y se llevaron a un hombre para ese servicio. De ahí en adelante ha sido todo un demostrar, un ser persistente y demostrar que las mujeres podemos, que tenemos las mismas habilidades, a veces, hasta un poquito más que los hombres”, apunta, quien es la menor de 10 hijos de un matrimonio católico.
Sin embargo, Angélica asegura que aliarse al grupo de los “machos”, en vez de sentirse la “súper woman”, le ha dado buenos resultados y define a su equipo como “una cofradía”, una familia, que se ha convertido en su vida.
“Siempre es un reto, ya que debo demostrar día por día un porcentaje más que el de mis compañeros de armas, por lo que me he ganado el respeto de una hermandad donde me siento cuidada y protegida”, dice.
Ni el haber perdido a su esposo, también piloto, en un accidente de helicóptero hace seis años, ha hecho decaer el espíritu de superación y valentía de esta mujer, que personifica la cuota femenina en el Ejército de la República y que es definida por su jefe inmediato, el coronel piloto Ricardo Castillo Terrero, comandante del Primer Escuadrón de Caballería Aérea, como una “excelente oficial” que ha desarrollado misiones de rescate, observación y de transporte, en Haití y toda la geografía, sin ningún tipo de novedad.
Angélica es un referente para las oficiales académicas del Ejército Scarlett Yanith Santana Rosario y Kenia Montás Mendosa, de 21 y 23 años, respectivamente, las únicas dos chicas, también de agallas, que forman parte de un grupo de 14 alumnos de aviación que están bajo la responsabilidad de Castillo Terrero.
Fuente: El Caribe
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