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jueves, 24 de diciembre de 2020

TIEMPO DE NAVIDAD


Nacimiento
 

Por José Luis Ogando

La Navidad es el tiempo de celebrar la venida de Jesús, el Hijo de Dios. Su venida mesiánica es una etapa decisiva en el historial del Reino y un acercamiento capital del advenimiento de Dios.

Jesús es hombre perfecto que nace, vive y muere.

Cristo al nacer en este mundo lo ha llenado de sentido: "pues al revestirse de nuestra frágil condición no solo confiere dignidad eterna a la naturaleza humana, sino que por esta unión admirable nos hace a nosotros eternos" (Prefacio III de Navidad).

La Iglesia festeja también el nacimiento de Jesús con la misma fe. No para celebrar un aniversario, como quien recuerda los datos biográficos de un personaje, sino para dar testimonio del acontecimiento que para todos es la vida de Jesús, su muerte, su resurrección y, por tanto, su nacimiento.

Con la liturgia de Navidad la Iglesia nos quiere hacer presente a Jesús como aquel que, desde el principio de su vida, fue lo que después fue y mostró ser.

La Encarnación y el Nacimiento de Jesucristo suponen para el cristiano el máximo honor al que podía aspirar, pues le permiten entrar en la esfera de la divinidad de la que estaba alejado por su pecado. De este modo por este "admirable intercambio" se nos ha hecho partícipes de la divinidad desde que Cristo ha tomado nuestra humanidad.

Navidad es tiempo de contemplar gozosamente este adorable misterio de los desposorios de Dios con la humanidad por medio de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo.

 

La liturgia de Navidad surge a principios del siglo IV . Y surge simultánea, aunque independiente, en el Oriente y el Occidente cristianos. En la Iglesia de Roma el 25 de diciembre se celebra sobre todo el hecho histórico del nacimiento de Jesús con su dimensión realista de encarnación. Las Iglesias orientales centran las celebración del 6 de enero en la dimensión de epifanía, de revelación y manifestación de la Divinidad al mundo. En el siglo V, Oriente y Occidente intercambian sus celebraciones respectivas y sus liturgias se enriquecen con dos fiestas, en vez de una: Navidad y Epifanía. El contenido es el mismo, si bien las perspectivas son distintas.

Pero para Occidente la dimensión epifanica tiene su importancia, pues inserta la fiesta de Navidad en la vecindad del solsticio de invierno, marco de la fiestas de la Roma pagana en honor del sol victorioso que, a partir de esa fecha, parece renacer conforme los días se van alargando. Cristo es el sol invicto, fuente inagotable de luz y de vida.

La Solemnidad de Santa Maria, Madre de Dios, el día 1ro. de enero, nos ofrece la oportunidad de hacer un homenaje a la maternidad divina de Maria , la Theotokos que nos ha dado a Jesús, Hijo de Dios.

Epifanía abre las puertas del misterio de la Encarnación de Cristo a todos los hombres y todas las naciones y muestra así que el Niño Dios de Navidad es Rey de Reyes y Señor de Señores. Con esta perspectiva podemos afirmar que la Epifanía del Señor es la celebración de la realeza de Cristo.

La fiesta del Bautismo del Señor cierra el ciclo de Navidad con una referencia al Sacramento del Bautismo por el que el cristiano es injertado en Cristo y en su misterio pascual.

Libros consultados: Misal de la comunidad y Calendario Litúrgico Pastoral.

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