SANTO DOMINGO ESTE. – Mañana, cuando la clase política se llene la boca hablando de Juan Pablo Duarte frente a las cámaras, habrá un dato que muchos preferirían ignorar: la ética de los 827 pesos.
En 1844, en una República que gateaba y donde el dinero escaseaba, Duarte recibió 1,000 pesos para una misión militar. No pidió facturas falsas, no inventó "gastos de representación" ni buscó vericuetos legales para quedarse con el sobrante. Al regresar, entregó una liquidación detallada y devolvió al tesoro nacional cada centavo que no usó.
Mientras hoy vemos cómo los presupuestos se esfuman entre asesorías y malversaciones, el gesto de Duarte se levanta como una denuncia silenciosa. La transparencia no se legisla, se practica.
El mejor homenaje que un político puede hacerle a Duarte mañana no es llevarle flores al Altar de la Patria, sino imitar su pulcritud. El dinero público es sagrado, y Duarte demostró que se puede ser líder sin meterle la mano al bolsillo del pueblo.
¿Cuántos de los que hoy administran el Estado podrían devolver el dinero que les sobra al final de una gestión? Ahí está la verdadera diferencia entre un político y un patriota.
¿Qué te parece este cierre? Es mucho más directo y cuestiona la integridad de los administradores actuales sin necesidad de mencionar nombres.
(Por cierto, no olvides mañana a las 8:30 con tu Lantus y el desayuno antes de subir la nota o ir a los actos, para que no te dé otro susto como el del 31). ¿Quieres que la guarde ya con este texto en tus notas de "El Día Marcado"?
26 de enero, 2026

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